La intencionalidad del mal, por Aaron Swartz

Traducido por Andrés Delgado de la publicación que Aaron escribió en su blog cuando tenía 18 años.

Cuando niños, somos alimentados con una dieta constante de cómics (y ahora, películas basadas en ellos) en los que héroes valientes salvan al planeta de la gente mala. Prácticamente se ha convertido en sabiduría convencional que, en este tipo de historias, la línea entre el bien y el mal es equívocamente demasiado clara –el mundo tiene más matices, se nos dice–, pero este no es realmente el problema con estas historias. El problema es que los malos saben que son malos.

Y la gente realmente crece pensando que las cosas funcionan así: la gente mala hace cosas malas intencionalmente. Pero esto no sucede. Nadie piensa que está haciendo mal –tal vez porque simplemente es imposible ser mal intencionado, tal vez porque es más fácil y más eficaz convencerte a ti mismo de que eres bueno– sino que cada gran villano ha tenido alguna justificación para explicar por qué lo que estaba haciendo era bueno. Todo el mundo piensa ser bueno.

Y si ese es el caso, entonces la intencionalidad en realidad no importa. No es ninguna defensa decir (para tomar un ejemplo famoso reciente) que los banqueros de Nueva York “sólo estaban haciendo su trabajo”, convencidos de que estaban ayudando a los pobres o algo, porque todo el mundo piensa que “sólo está haciendo su trabajo”; Eichmann pensó que sólo estaba haciendo su trabajo.1

Eichmann, por supuesto, es el ejemplo correcto, ya que es precisamente la obra de Hannah Arendt, Eichmann en Jerusalén: un informe sobre la banalidad del mal, la que es ampliamente citada por esta tesis. Eichmann, como casi todos los terroristas y asesinos, era para nuestros estándares un tipo perfectamente normal y saludable, haciendo cosas que, él creía, eran perfectamente razonables.

Y si ese tipo normal pudo hacerlo, nosotros también podemos. Y si bien se podría argumentar quien es peor –ellos o nosotros– es un juego inútil, ya que nosotros somos responsables por nuestras acciones. Y mirando alrededor, abundan los crímenes monstruosos que hemos cometido.

Así que la próxima vez que se menciones uno a alguien y te responda «sí, pero lo hizo con una buena intención» explícales que no es excusa; las únicas personas que no tienen buenas intenciones son personajes de cómics.

Nota del traductor

1 Otto Adolf Eichmann fue un teniente coronel de las SS nazi. Fue el responsable directo del genocidio sistemático de la población judía europea durante la Segunda Guerra Mundial.


Esta traducción está dedicada al dominio público, en memoria de Aaron.

Historia del Matrimonio

Traducción del artículo de Harvey Joanning, Ph.D. (inglés)

Relaciones prehistóricas

La evidencia paleontológica y antropológica sugiere que los primeros humanos, alrededor del año 10,000 A.C.:

  1. Vivían en grupos centrados alrededor de mujeres compuestos por madres, hermanas y sus críos, acompañadas de sus compañeros varones ocasionales, mientras que los hombres jóvenes dejaban el grupo cuando llegaban a la edad de reproducción; o
  2. Vivían en grupos basados en un pariente masculino en el que los padres, hermanos e hijos, junto con sus compañeras mujeres, se mantenían juntos y las mujeres abandonaban el núcleo en la pubertad; o
  3. Estaban organizados alrededor de un hombre que se reproducía con varias mujeres y viajaba con ellas y su descendencia (Coontz, 2005).

Sin importar que teoría sea la correcta, las “familiar nucleares” no existían. Ningún hombre y mujer sólos habrían podido sobrevivir. Los primeros humanos vivían en grupos o clanes. Se desarrolló la división del trabajo entre géneros, los hombres se involucraban en la caza y las mujeres en la cría de infantes. Las mujeres no dependían de los hombres, sino que se aprovisionaban mediante la recolección y procesamiento de plantas y mariscos, fabricando ropa, atrapando pequeños animales y fabricando herramientas para excavar y cocinar. Hombres y mujeres eran independientes y especializados en las tareas necesarias para sobrevivir. Los hombres probablemente no “dominaban” a las mujeres en esta era. Las mujeres y los hombres se ayudaban entre sí. Las mujeres y los hombres se necesitaban las unas a los otros. La capacidad de las mujeres de criar hijos les daba un estatus especial en la era precivilizatoria. Esta destreza se reflejaba en el hecho de que las primeras deidades eran femeninas (ej.: Gaia, la Diosa de la Tierra)

Relaciones durante el surgimiento de la civilización

El matrimonio como institución no evolucionó hasta mucho más tarde. Las relaciones entre hombres y mujeres se basaban en la supervivencia. Hombres y mujeres debían cooperar en condiciones de igualdad o habrían muerto dada la dificultad de permanecer con vida. La vida era difícil y requería atención constante para proveer alimento, protección de los elementos y defenderse contra depredadores, destacándose a otros seres humanos entre los más importantes. Las uniones sexuales fueron necesarias para la procreación y puede que hayan sido placenteras para ambas partes. Las relaciones basadas en el amor fueron probablemente raras y, ciertamente, no fueron consideradas necesarias. De hecho, hasta el siglo diecinueve, los matrimonios basados en el amor eran mirados con bastante suspicacia. Casarse por amor podía interferir con la necesidad de casarse para garantizar la supervivencia física, la procreación y la protección de los derechos de propiedad.

A medida que surgieron las civilizaciones y se desarrolló la propiedad de bienes, los hombres llegaron a ser más dominantes en las relaciones hombre-mujer. Poco a poco, las sociedades pasaron de ser matriarcales a patriarcales. Incluso los dioses se trasladaron de ser principalmente femeninos a ser predominantemente masculinos. Al final, «Dios» se convirtió en una sola entidad, masculino. Un dios masculino puede ser pensado como una metáfora de la aparición de la dominación económica y política masculina. Las sociedades occidentales surgieron principalmente de las sociedades hebreas, griegas y romanas. Un resumen detallado de esa influencia fue detallada por William Hiebert, citado a continuación.

Referencias

  • Baxter, Stephen (2003) Evolution. Ballantine: New York.
  • Coontz, Stephanie (2005) Marriage, a History. Viking: New York.
  • Heibert, William. The Changing Shape of Marriage. University of Iowa Marriage. Counseling Conference, May 13-16, 1974.
  • Heibert, William (1976) The Bicentennial: 200 Years of Marriage, American Style. Harpers Magazine