ESCAPAR de Guy Delisle (reseña)

Huffington Post©

 

Escapar es un libro sin muchos misterios. Se trata de otra novela gráfica de no ficción que relata las vivencias de Christophe André, un empleado de médicos sin fronteras, tras ser secuestrado y mantenido prisionero por más de cien días. Lo sustancial del libro reside precisamente en la falta de sorpresas y en la atención que Christophe, mediante los dibujos de Delisle, da a detalles pequeños que rompen con una monotonía casi perfecta. La mayoría del libro Christophe permanece esposado y recostado en un colchón viejo y uno no puede preguntarse cómo surgieron tantas páginas de historia.

Contarles mis escenas favoritas, sería llenarlos de spoilers así que no lo haré. Lo que les contaré es que el libro logra disminuir el ritmo al que uno percibe la vida, evidencia la doble existencia que los humanos desarrollamos en nuestras mentes y rescata los placeres de ser niño.

La ilustración de arriba fue realizada por Guy Delisle para el Huffington Post. Yo traduje la burbuja y el pie de página.

Crónicas de Jerusalén

Uno sabe que está en época de vacas flacas porque ningún libro de los que tienes a mano te convence. Así estaba. Ojeando a Joe Sacco, expurgando The Best American Comics, negociando una segunda oportunidad al cómic sobre la vida de Mandela, releyendo Historias del país de Quito. Ya conocen esa pesadez, similar a la de quedarse despierto no por falta de sueño sino porque la idea de apagar la luz y pensar en mil cosas bajo las sábanas no es apetecible. Iba pues, arrastrándome por la vida cuando entré al Book Store de UBC. El mismo que aparece en De paseo por Downtown.

book storeAhora que ya sabía dónde quedaba, fui directo a la sección de novelas gráficas. Pensé en tomarme mi tiempo y buscar un libro que haga conmigo lo que la chica de a lado hizo con Matthew (Emile Hirsch).

El plan fue un fracaso, apenas mis ojos se estacionaron a la distancia que permite leer las letras en vertical, supe que iba a comprar el único libro que atiné a mirar: JERUSALEM – Chronicles from the holy city.1 ¿Por qué? Pues porque era compra segura. A Guy Delisle ya lo conocí tras leer Crónicas Birmanas. Como dije, le tengo envidia porque anda a todo lado en bicicleta, vive de dibujar y es contento con su trabajo de amo de casa. Su estilo narrativo —si bien no envuelve— encanta.

El libro era carísimo, US$19, pero yo vengo de Ecuador donde estas maravillas pagan impuesto a consumos especiales, de importación y al valor agregado. Cualquier libro que al canadiense promedio le resulte costoso, para mí es una ganga. Me acerqué al mostrador y le mostré mi sonrisa de hornado a la cajera. “¿Eres parte del club de libro?” “Of course!” Saqué mi carnet de estudiante y acumulé puntos para un futuro descuento. Agarré el libro, que es mucho más grueso que el anterior, y empecé a pasar las páginas. Al inicio me dio la impresión de que era mucho más largo que el anterior, pero la diferencia no es tanta. Esta edición, de lujo, venía en papel grueso y por eso era más gorda y pesaba más.

Demoré una semana en leer el libro. Ya sé, son dibujitos. Cuando uno era niño y leía cómics —si estabas en Ecuador, seguramente se trataba de Condorito—, la revista de treinta páginas te la acabas en media hora. Un libro de trescientas páginas debería tomar uno o dos días a lo sumo. Pero no fue así, muchas de las mini-historias (que en promedio alcanzan en una hoja) son profundamente dramáticas y, tras leerlas, uno siente la necesidad de juntar los pulgares, levantar un poco el mentón y hacer introspección. Es arte del bueno, uno se pasa en esa posición sin tener palabras en la cabeza, sino esa sensación que algunos reconocen como neuronas desenchufándose de un sitio para conectarse a otro. Si fuéramos avatares en un mundo virtual, el jugador no podría tocarnos durante esos momentos y lo sabría porque tendríamos un aviso de “ACTUALIZANDO…” en plena frente.

¿De qué va el libro? Pues de conflictos. Habrán ustedes escuchado eso de que los extremos opuestos se atraen. Es cierto y Jerusalén es el espacio donde finalmente se encontraron. Ahí viven muy cerca y rozan frecuentemente. “La pared”, dice la versión gráfica de Delisle, “es extremadamente interesante (desde un punto de vista gráfico)”. Uno podría pensar que las barreras son soluciones naturales al conflicto, pero siempre dependerá de quién la erija. Usualmente ese bando decide el lugar donde se asienta y el otro qué grafitis escribir en protesta. “Arbeit macht frei”.  Barreras en las calles, barreras entre iglesias y conventos, barreras en el camino a la escuela. Y si no hay barreras, puntos de revisión. “Ellos se hicieron esto a sí mismos”, dice alguien en las crónicas, refiriéndose a la elección democrática de Hamas (¿qué esperaban que hiciera Israel si eliges a un partido que consta en las listas de casi todo el mundo como terrorista?) “La democracia sólo funciona si eliges a los que ellos quieren”.

Captura de pantalla de 2016-07-25 00:16:07

Y bueno, a mí me apasiona la política pero este libro le encantaría también a mi mamá. Habla de lugares sagrados, de tradición y religiones. Es imposible no querer detenerse a abocetar tras leer el libro, a cuadrar la perspectiva que mejor se acomode en una hoja. Otra cosa que me sucedió es que me entraron las ganas de hacer una lista de todos los lugares citados que quisiera visitar, de los tips de viaje que se pueden usar para ahorrar minutos en los check-points, entre otras cosas. Leer hasta llegar al mismo punto al que llegan los judíos ultra-ortodoxos en una de sus celebraciones religiosas por órdenes divinas (página 211) —tienen que beber, dice el libro sagrado, hasta no poder diferenciar el bien del mal.

Notas al pie

1 La traducción al español, “Crónicas de Jerusalén”, ya va por la quinta edición. Existen algunos sitios web donde uno lo puede descargar (o lo pueden ordenar en línea buscando el ISBN). Yo recomiendo contribuirle al autor porque vale la pena.

Reseña: El chico que pudo cambiar el mundo—Las obras de Aaron Swartz

Ayer se cumplieron cuatro meses de que comprara el libro “The Boy Who Could Change the World: The Writings of Aaron Swartz” en Amazon.com. La fecha importa, cuando adquirí el libro quise prestárselo a un amigo y no pude hacerlo porque el libro estaba protegido por DRM (“digital rights management”). Esta tecnología hace imposible que uno lea el libro en cualquier dispositivo que Amazon.com no haya aprobado.

Envié un correo a la gente que había contribuido en el libro: “Si Aaron estuviera vivo, denunciaría esto en voz alta y le diría a la gente que no compre el libro”, escribió Cory Doctorow en un correo al editor del libro el momento en que supo que esto estaba pasando. “Estoy 100% de acuerdo con este punto crítico”, secundó Lawrence Lessig, fundador del movimiento Creative Commons y excandidato presidencial en Estados Unidos. Cuatro días más tarde se iniciaría el proceso para eliminar el DRM de los escritos de Aaron, y en dos semanas recibiría yo la confirmación visual de que todas las tiendas que ofertaban su libro lo hacían sin poner el famoso candado digital.

Aún no puedo compartir mi libro, puesto que las versiones compradas con anterioridad no fueron actualizadas para remover el DRM. Sin embargo, todas las personas que ahora adquieran el e-book podrán leerlo donde quieran y compartirlo sin ningún problema. Uno puede medir su legado, dice Aaron, no en función de lo que has hecho sino de cómo serían las cosas de no haber hecho nada. Y eso les debe decir mucho de la forma en que Aaron pensaba. Para poder responder esa pregunta, actuar siempre es la única opción. Actuar a pesar de no conocer el resultado. Actuar porque “fracasar es lo que casi siempre hacemos, la única manera de mejorar tus capacidades es tratar de hacer cosas que van un poco más allá de ellas, lo que significa que vas a fracasar algunas veces”. Aarón —dice Lessig en su prólogo al libro— estaba trabajando en lo que creía que debía trabajar, independientemente de la ley. Arengó a otros a cruzar lo que él creía era una línea injusta. Y la cruzó él también”.

Dos de las personas que escriben en el libro, hablan de su “Aaron interior”, lo que él hubiera dicho, lo que él hubiera hecho. Lo que habla de la claridad de sus mensajes y de la fuerza de sus convicciones. Eso lo pueden leer en su libro mientras habla de temas tan variados como educación, propagada, medios de comunicación y política.  En abril de 2001, cuando ambos teníamos catorce años, escribió sobre la importancia de la desescolarización y de cómo, educándose en casa, uno podía liberar tiempo para “ser un aprendiz [de alguien más] o un voluntario y aprender cómo hacerse cargo de un ‘trabajo de verdad’; empezar tu propio negocio, influenciar políticos y tratar de hacer cambios en nuestro gobierno y sociedad”.

Si lees “The Boy Who Could Change the World: The Writings of Aaron Swartz” prepárate para conversar con ese niño interior que siempre te negaste a escuchar, aunque supiste que siempre tuvo razón. Prepárate para arrepentirte de haberte rendido al explicar esas rebeldías porque no encontraste palabras, pues ahora las hallarás y, finalmente, reúne coraje porque hay cosas que uno no puede dejar de saber. Y una vez que las sepas no puedes dejar de actuar sin traicionar su legado.