ESCAPAR de Guy Delisle (reseña)

Huffington Post©

 

Escapar es un libro sin muchos misterios. Se trata de otra novela gráfica de no ficción que relata las vivencias de Christophe André, un empleado de médicos sin fronteras, tras ser secuestrado y mantenido prisionero por más de cien días. Lo sustancial del libro reside precisamente en la falta de sorpresas y en la atención que Christophe, mediante los dibujos de Delisle, da a detalles pequeños que rompen con una monotonía casi perfecta. La mayoría del libro Christophe permanece esposado y recostado en un colchón viejo y uno no puede preguntarse cómo surgieron tantas páginas de historia.

Contarles mis escenas favoritas, sería llenarlos de spoilers así que no lo haré. Lo que les contaré es que el libro logra disminuir el ritmo al que uno percibe la vida, evidencia la doble existencia que los humanos desarrollamos en nuestras mentes y rescata los placeres de ser niño.

La ilustración de arriba fue realizada por Guy Delisle para el Huffington Post. Yo traduje la burbuja y el pie de página.

El tango explicado por Borges

Resulta que antes de salir yo de viaje, mi papá me dijo que use nomás la tarjeta adicional que tengo a mi nombre si encuentro algo barato. Por “algo” se refería a zapatos y por “barato” a un par a precio de libre mercado sin tanto impuesto. Así que andaba yo, consciente de que frente a las necesidades uno puede hacer el sacrificio de ir de compras cuando me tope con dos pares.

Porque el tango, amigos, no lo bailan uno sino dos.

el tango

Así pues, me hice de este ejemplar que no es sino un dictado, apenas imperfecto, de cuatro conferencias secuenciales que brindara Borges. Como se trata de conferencias —él diría charlas—, el estilo narrativo que tienen las páginas le invitan a uno a imaginar la voz: cadencia, paciencia y edad. Es con esa voz, que al principio me parecía la de Galeano pero luego me di cuenta de que es más grave y elegante, que uno lee “el tango”.

Pero no hay tango sin historia —y no hay historia sin época, escenario y personajes. Entonces lo que bien podría estar en una enciclopedia termina en manos de una de las personas más diestras que Latinoamérica haya jamás tenido. Diestra en letras. Letras de novelas, poemas y, como no, tangos. Borges relata etnográficamente, demostrando cómo desde la literatura se hace la historia.

Así que con estos mismos zapatos viejos que ando puesto, me di una vuelta por las “casas malas” de Buenos Aires del Sur. Desde allí, se dice, el tango surgió como un baile que era marginado por su origen oscuro, porque lo bailaban mujeres alegres y compadritos.

Y como ecuatoriano tras la crisis bancaria, el tango se fue a Europa y encontró el éxito —llegando a las cortes y a San Petersburgo. Y hablo del migrante porque luego el tango volvió, enaltecido, para convertirse en el orgullo de esa nueva patria. Los argentinos, dice Borges, eran aspirantes a parisinos. Hablaban francés o fingían hablarlo. “Por eso nos inventamos lo de latinoamericanos”, para no decir España. Y el tango fue la manera en que el mundo, y París, reconocieron a Argentina.

De este libro, que todavía no acabo, he extraído tres citas de las que quisiera acordarme por siempre (pero como sé que no lo haré, las escribo con la esperanza de que me las recuerden):

  • “Todos nosotros llevamos nuestra humilde vida y además llevamos otra vida, imaginaria”;
  • “El miedo existe en imaginarse cosas malas antes que ocurran”;
  • “Pero más lindo es imaginar, y creo que siempre debemos optar por la explicación más estética”.

 

Reseña: El chico que pudo cambiar el mundo—Las obras de Aaron Swartz

Ayer se cumplieron cuatro meses de que comprara el libro “The Boy Who Could Change the World: The Writings of Aaron Swartz” en Amazon.com. La fecha importa, cuando adquirí el libro quise prestárselo a un amigo y no pude hacerlo porque el libro estaba protegido por DRM (“digital rights management”). Esta tecnología hace imposible que uno lea el libro en cualquier dispositivo que Amazon.com no haya aprobado.

Envié un correo a la gente que había contribuido en el libro: “Si Aaron estuviera vivo, denunciaría esto en voz alta y le diría a la gente que no compre el libro”, escribió Cory Doctorow en un correo al editor del libro el momento en que supo que esto estaba pasando. “Estoy 100% de acuerdo con este punto crítico”, secundó Lawrence Lessig, fundador del movimiento Creative Commons y excandidato presidencial en Estados Unidos. Cuatro días más tarde se iniciaría el proceso para eliminar el DRM de los escritos de Aaron, y en dos semanas recibiría yo la confirmación visual de que todas las tiendas que ofertaban su libro lo hacían sin poner el famoso candado digital.

Aún no puedo compartir mi libro, puesto que las versiones compradas con anterioridad no fueron actualizadas para remover el DRM. Sin embargo, todas las personas que ahora adquieran el e-book podrán leerlo donde quieran y compartirlo sin ningún problema. Uno puede medir su legado, dice Aaron, no en función de lo que has hecho sino de cómo serían las cosas de no haber hecho nada. Y eso les debe decir mucho de la forma en que Aaron pensaba. Para poder responder esa pregunta, actuar siempre es la única opción. Actuar a pesar de no conocer el resultado. Actuar porque “fracasar es lo que casi siempre hacemos, la única manera de mejorar tus capacidades es tratar de hacer cosas que van un poco más allá de ellas, lo que significa que vas a fracasar algunas veces”. Aarón —dice Lessig en su prólogo al libro— estaba trabajando en lo que creía que debía trabajar, independientemente de la ley. Arengó a otros a cruzar lo que él creía era una línea injusta. Y la cruzó él también”.

Dos de las personas que escriben en el libro, hablan de su “Aaron interior”, lo que él hubiera dicho, lo que él hubiera hecho. Lo que habla de la claridad de sus mensajes y de la fuerza de sus convicciones. Eso lo pueden leer en su libro mientras habla de temas tan variados como educación, propagada, medios de comunicación y política.  En abril de 2001, cuando ambos teníamos catorce años, escribió sobre la importancia de la desescolarización y de cómo, educándose en casa, uno podía liberar tiempo para “ser un aprendiz [de alguien más] o un voluntario y aprender cómo hacerse cargo de un ‘trabajo de verdad’; empezar tu propio negocio, influenciar políticos y tratar de hacer cambios en nuestro gobierno y sociedad”.

Si lees “The Boy Who Could Change the World: The Writings of Aaron Swartz” prepárate para conversar con ese niño interior que siempre te negaste a escuchar, aunque supiste que siempre tuvo razón. Prepárate para arrepentirte de haberte rendido al explicar esas rebeldías porque no encontraste palabras, pues ahora las hallarás y, finalmente, reúne coraje porque hay cosas que uno no puede dejar de saber. Y una vez que las sepas no puedes dejar de actuar sin traicionar su legado.

Sin Lugar Donde Esconderse

El 13 de mayo la Electronic Frontier Foundation lanzaba este tuit:

[Hoy @ggreenwald publicó más de 100 páginas de nuevos documentos de Snowden detallando el alcance y la profundidad del espionaje de la NSA] Y una semana después me tienen aquí reportando la historia que “Sin Lugar Donde Esconderse” llevó al mundo. La verdad pensé que se trataban de 100 páginas de revelaciones pero al entrar y toparme con que se trataba de un libro, tuve el impulso de comprarlo. Mi software no me lo permitió, así que empecé a leer la parte que amazon ofrecía gratuitamente. Mientras se descargaba revisé las reseñas:

“Son las 4 de la mañana y acabo de terminar de leer el libro en una sola sentada, la descarga Kindle de un libro que sólo quería ojear porque pensé que ya sabía la historia completa. Lo que me convenció fue encontrar encontrar el coraje y la decencia de este denunciante y de los pocos periodistas valientes…”

¡Uf! Parece que va a estar bueno, no recordaba cuando fue la última vez que me acabé un libro en una sola sentada. El hombre no mentía, apenas comencé a leer fluí como no lo había hecho en años, la historia era atractiva, estaba bien escrita, me permitía identificarme y definitivamente generaba esa ansiedad de saber más.

La obra está dividida en cinco capítulos. Los dos primeros relatan las comunicaciones entre Edward Snowden, responsable de filtrar documentación secreta de la NSA y Glenn Greenwald, el periodista que publicó sus historias en The Guardian, uno de los diarios más importantes del planeta. A través de ellas el autor supo transmitir al héroe moderno, un muchacho de 29 años trabajando para una multinacional, que abandonó el colegio para sumergirse en el mundo de las computadoras. “La gente en última instancia nos conoce no por aquello que decimos creer, sino por las acciones que cometemos en función de esas creencias”. Edward tiene los atributos que jamás quiero dejar morir: integridad, inteligencia, perspectiva, empatía, coraje, determinación y desapego.

Al leer sobre los primeros correos electrónicos, los intentos fallidos y casi nulos del hacker por contactar a uno de los pocos periodistas que le ofrecían suficientes garantías para arriesgar su vida. La tensión por haber usado skype para prácticamente avisar a la NSA sobre lo que estaba a punto de suceder. El viaje a Hong Kong, el aparecimiento de la prensa en busca del desconocido y la separación que te deja con una sensación de alivio/ansiedad, uno no puede dejar de sentirse cómplice de una causa justa. TODO está ahí.

Quisiera decir que el tercer capítulo habla de como Fidel Narváez, en un acto valiente,  emitió un salvoconducto de refugiando a Snowden sin autorización del gobierno para que él pueda viajar a Rusia donde nos encontramos con más intrigas y revelaciones, pero en realidad esta tercera parte nos introduce en los programas de vigilancia de la NSA y en su política de “recolectarlo todo”.  Greenwald, haciendo uso de los documentos filtrados, muestra como la NSA se ha aliado con otros gobiernos (especialmente Canadá, Nueva Zelanda, Gran Bretaña y Australia) y corporaciones para vigilar a prácticamente cada ser humano del planeta. Facebook, Google, Apple, Microsoft, Cisco, IBM, Dell… todos son parte de una gran red que colabora con la Agencia de Seguridad Nacional de los Estados Unidos para poner en jaque a nuestra privacidad con el pretexto de “protegernos” del terrorismo.

El espionaje a la UNICEF, la extracción de documentación que los países utilizaban como minutas para las negociaciones de tratados comerciales, la intercepción de equipos comprados dentro y fuera de Estados Unidos para la inserción de hardware malware (dispositivos que sustraen información desde tu equipo), espionaje económico descarado y un largo etcétera, muestran claramente que proteger nunca fue el objetivo real. A diferencia de los dos primeros, este capítulo no tiene tanta fluidez y más bien semeja una colección de ensayos sobre los alcances y objetivos de la NSA.

Los dos últimos capítulos retoman un estilo narrativo mucho más amigable y exponen lo que ha sido el trabajo de Greenwald previo a las revelaciones de Snowden, los grandes daños de la vigilancia masiva sobre la población, los peligros de la autocensura, la “prevención” de cualquier forma de disidencia y la degradación que ha sufrido el periodismo en los últimos años. Quizás el evento más impactante que uno puede encontrar sobre el tema en el libro es la irrupción de la GHCQ en las oficinas de The Guardian en Londres, la exigencia (bajo amenaza de prisión) de entregar la documentación que fue confiada en sus manos bajo acuerdos y condiciones que garantizaban la correcta diseminación del mensaje y el truculento desenlace donde se destruyó el disco duro que contenía esta información con taladros bajo la supervisión de estos agentes.

Mucho de lo que leí me estremecía, uno puede encontrar muchos paralelos entre las conductas de intimidación usadas en Estados Unidos y las encontradas en los gobiernos de Latinoamérica. La criminalización del periodismo y el uso desmedido e ilegal de fuerzas militares para esparcir algo más perverso que la violencia: el miedo. Duele reconocer eso asociado a lo que muchos consideran causas justas, pero si algo hizo este libro conmigo es recordarme donde pertenezco. Como dice Glenn:

“Son los seres humanos en conjunto, y no un pequeño número de élites trabajando en secreto, quienes pueden decidir el tipo de mundo en el que queremos vivir. Promover la capacidad humana de razonar y tomar decisiones: ese es el propósito de denunciar, del activismo y del periodismo político. Y eso es lo que está sucediendo ahora, gracias a las revelaciones de Edward Snowden”.

No siento que le puedo hacer justicia al libro describiendo unas pocas partes, ni pienso que sentirme cómplice baste en esta ocasión. Esta noche decidiré mis acciones para el mundo que quiero crear, por las cosas que quiero que existan. Hoy no las escribiré, las guardaré en un rincón íntimo, secreto, sagrado.