Cómo hacer archivos públicos más accesibles con Internet Archive

Acá en Ecuador, el volcán Cotopaxi ha iniciado su actividad eruptiva y mucha gente está asustada y desinformada. El gobierno, después de cerca de tres explosiones, ha anunciado hace pocos días su decisión de adquirir equipos de «alerta temprana», pese a que las primeras fumarolas aparecieron en 2002 y, en ese entonces, los expertos ya estimaban una erupción inminente en cuarenta años. Entienden el punto: no estamos preparados. Las redes han servido a los ciudadanos para compartir información durante los dos meses pasados y, pese a ello, el gobierno ha decretado una censura previa en los temas que respectan a la actividad del volcán.

El municipio ya anda repartiendo información —más vale tarde que nunca— pero cuando apareció este tuit y alguien pidió una versión digital, no estuvo tan fácil de encontrar. Ingresé a la página web del municipio de Quito y en su portada, donde debería estar toda la información sobre qué hacer, en mi caso, si erupciona el Cotopaxi, no encontré nada. La verdad es que fue mi culpa porque no esperé a ver todas las imágenes del banner, si hay información sobre qué hacer y el mapa también estaba ahí. Distraído como soy, fui directo a los siguientes enlaces:

Captura de pantalla de 2015-08-19 08-39-35Llamó mi atención el «Atlas de amenazas naturales y exposición de infraestructura DMQ» y entonces hice clic. Para mi sorpresa, inició la descarga de un archivo .rar que pesaba 91 MB. Muchas personas no saben cómo abrir este tipo de archivos comprimidos. Al inicio, Windows te da un mes gratis de WinZip —el programa que usualmente se suele usar— pero luego cobra por la licencia y los mensajes de alerta suelen confundir a la gente (a esas personas les recomiendo que mejor usen el programa de software libre 7z); en mi caso, no tenía instalado nada para abrir el programa. Lo resolví en un segundo, descomprimiendo el archivo en línea, pero si se hubiera tratado de mi madre, hubiera estado llamando al municipio porque el archivo no se abría. En áreas rurales, con un internet más lento, seguramente la conexión se habría interrumpido unas cuantas veces antes de lograr la descarga.

Al descomprimir el archivo original, aparecía un PDF de 128 MB —es un archivo muy grande—. Si se hubiera tratado de otro tipo de archivo, donde las imágenes de mapas no fueran tan importantes, el uso de herramientas en línea como smallpdf (otra herramienta en línea) habría ayudado a reducir su tamaño. No sé qué tan buena idea sea en este caso, pero es bueno dar opciones a las personas que pueden tener una conexión más lenta o no tienen tanta pericia para manejar archivos comprimidos como .zip o .rar.

Lo que el municipio podría hacer es poner el archivo a disposición de la gente pero no únicamente para descargar, sino también para poder leerlo en línea, explorar sus páginas y revisar los contenidos. Imaginen que alguien con conexión lenta demore una hora en bajar el archivo para después descubrir que no le sirve. Así que esto es lo que recomiendo:

1. Carga tus archivos a Internet Archive

  • Ingresa a https://archive.org
  • Crea una cuenta
  • Selecciona el ícono con la flecha, aparecerá una etiqueta «Upload»

Captura de pantalla de 2015-08-19 08-53-28Una vez ahí seleccionamos el archivo de nuestro interés y le damos cargar.

2. Llena todos los datos pertinentes y elige la licencia de dominio público

Si un documento ha sido creado con dinero público, lo más lógico es que este no tenga derechos de autor y se dedique al dominio público. Usualmente todas las obras quedan desprotegidas —es decir, libres— después de algunos años de la muerte del autor, pero si queremos que la obra esté libre desde el inicio, podemos usar la etiqueta CC0 de Creative Commons que produce el mismo efecto (he usado otro archivo como ejemplo):

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Otra buena opción es usar alguna otra licencia libre de Creative Commons. De las 6 licencias Creative Commons disponibles, solamente dos son licencias de cultura libre (CC-BY y CC-BY-SA). Que una obra de interés público sea libre es importante porque entonces pueden haber trabajos derivados, por ejemplo un podcast o un video explicando la misma información. Si no le damos libertad a nuestra obra, quienes estén interesados en hacer difusión, tendrán que pedir nuestro permiso y eso siempre retrasa el proceso de socialización. También corremos el riesgo de un mal uso de los derechos de autor —la Secretaría de Comunicación, por ejemplo, le pone copyright a todos sus contenidos y a veces lo usa para censurar mensajes críticos—.

3. Espera a la transformación de tu archivo¹

Internet Archive almacenará nuestro archivo gratuitamente en al menos dos localidades distintas, con la condición de que lo pongamos a disposición del público en general. Además, transformarán el archivo —las transformaciones varían según el formato del archivo original— a otros formatos, para que pueda ser leído en muchos dispositivos. En nuestro caso (un PDF), crearán también un libro electrónico o e-book, esto es lo que yo hice con el atlas de amenazas naturales y exposición de infraestructura del Distrito Metropolitano de Quito. Todos los formatos disponibles se pueden ver en este enlace y, desde ahí, se puede también acceder al libro electrónico. La otra ventaja de haber usado los servicio de Internet Archive, es que ahora la gente puede buscar dentro del texto del libro directamente en Internet. He realizado una búsqueda del término «Cotopaxi» y en la base de la imagen se puede ver en qué partes del libro aparece esta palabra, si uno hace clic puede ir directamente a esa parte del texto:

Captura de pantalla de 2015-08-19 09-03-56

Internet Archive crea también un audiolibro —lo que realmente sucede es que un software de text-to-speech lee en voz alta el texto—. Claro, el software por ahora lee el idioma inglés, y en este caso el resultado será tener una gringa leyendo en un acento bastante divertido nuestro libro; seguro otros idiomas se volverán disponibles con el tiempo y esto es importante para las personas con discapacidad visual.

4. Inserta el nuevo libro en tu sitio web

Aunque personalmente prefiero el enlace al libro electrónico, por todas las características que he mencionado, también se puede insertar el e-book dentro de cualquier página web, en un visor más pequeño. Para ello, selecciona en la parte superior derecha el ícono de compartir: . Te aparecerán la dirección URL del libro, la URL de la página que estás leyendo —así puedes dirigir a otros a una página específica— y también un código para insertar un marco dentro de tu página web: un iframe. Pegas el código y listo, ni siquiera tienes que decirle a la gente que usas Internet Archive, aunque sería amable de tu parte. Acá un ejemplo con un embed pequeño:

Si les gustó esta publicación compártanla, sobre todo con las instituciones públicas que tienen documentos difíciles de leer —o que los cuelgan en páginas que restringen su accesibilidad mediante las condiciones de uso o requieren software malicioso, como Adobe Flash, para ver los archivos—.

Notas al pie:

1. La transformación a otros formatos no será inmediata. Habrá un tiempo de procesamiento para el archivo, en este caso fue menor de doce horas.

Un Dios sin humanos

Cuando niño, a mí me enseñaron que los seres humanos somos creados a imagen y semejanza de Dios (Génesis 1, 26), esto quiere decir que nuestra apariencia y nuestra inteligencia es parecida a la del Dios de la tradición judeocristiana, nuestra capacidad de dialogar, de pensar, de crear, incluso de dudar de la existencia de Dios se derivan de él según este dogma. En otro pasaje de la Biblia, se indica que Dios nos conoció antes de que naciéramos y que somos producto de su diseño:

En el vientre de tu madre tejí con amor tu organismo, y plasmé en ti la imagen mía (Jeremías 1,5).

Lo que es aún más importante, muchos sostienen aún estas creencias. Puede que el matiz varíe pero la gran mayoría de la población afirma mantener una fe cristiana/católica.

Pero ¿cuál es precisamente la imagen de Dios? ¿Qué atributos vienen incluidos «de paquete» cuando nacemos y cuáles son ganados a través del tiempo? Responder a estas preguntas es prácticamente invocar la historia de la filosofía del pensamiento humano, porque a nosotros nos encanta imaginar, elucubrar y hacer hipótesis cuando no tenemos una respuesta concreta y así, hemos elaborado muchísimos postulados en base al poder de las ideas solamente.

Hoy no vamos a repasar esas historias, porque no quiero responder una pregunta tan importante con algo poco tangible, creo que sería más apropiado pensar en qué contexto esta naturaleza divina se desarrolla lejos de la intervención humana. Y fuera de los relatos de la biblia, o cualquier otro texto que se atribuya ser sagrado, el único ejemplo que se me ocurre es el de aquellos niños que han sido abandonados por sus padres y han tenido que sobrevivir únicamente con las herramientas que les dio la naturaleza, con ese tejido divino del que escribió Jeremías: los niños ferales.

Wild Child: The Story of Feral Children (2002) es un documental dirigido por Jonah Weston que muestra las historias de Genie, Victor y Oxana; tres niños que por diversas razones perdieron contacto con sus padres y se criaron lejos del contacto humano, dos de ellos fueron «rescatados» por perros mientras que a quien se denominó Victor, fue encontrado sin mayor historia sobre sus antecedentes. Wild Child nos muestra muchas cosas importantes relacionadas al aprendizaje del lenguaje y a lo que significa ser humanos, pero lo que a nosotros nos interesa de verdad es qué tan bien le fue a ese componente divino nuestro antes de volver a la civilización ¿cómo se manifestó el diseño inteligente del creador?

Les fue mal, los que se criaron con perros aprendieron a ladrar, a recoger comida con los dientes, a morder a niños humanos y a saltar obstáculos y aterrizar con cuatro patas. Las deficiencias de empatía fueron corrigiéndose con el tiempo, los niños aprendieron a interpretar las sensaciones humanas, de la misma forma que lo hacen nuestras mascotas. Jamás aprendieron a decir una sola palabra por su cuenta y, una vez sometidos a terapia, les resultó bastante difícil adaptarse a la condición humana. Parece que el padre John Culkin, un sacerdote jesuita, tuvo razón cuando escribió (con base a las ideas de su amigo Marshall McLuhan):

Nos convertimos en lo que contemplamos. Construimos las herramientas, luego ellas nos construyen.

¿Qué significa esto para quienes dicen que somos criados a imagen y semejanza de Dios, por Dios? Significa que esa naturaleza es totalmente dependiente de nuestra cultura y conocimientos para llegar a un estado evolutivo funcional a lo que nosotros consideramos como un ser humano pleno, que un dios sin humanos es poco más que cualquier otro animal de la naturaleza o quizás, desde una perspectiva un poco más optimista, que la divinidad se manifiesta a través de los seres humanos, en otras palabras, somos Dios ya que sin nuestra intervención esa imagen ideal simplemente no existiría.

La creación de Dios, por Irene

La creación de Dios, por Irene